NAHUATZEN/ZACAPU, Michoacán.- El llamado Operativo Michoacán por la Paz, promovido hace apenas unas semanas por los gobiernos federal y estatal como una estrategia para recuperar la seguridad en la entidad, enfrenta uno de sus golpes más severos tras una violenta emboscada contra elementos de la Guardia Civil que dejó, de manera preliminar, cinco agentes muertos y al menos diez más gravemente heridos.

Los hechos se registraron la tarde de este miércoles sobre la carretera Nahuatzen-Zacapu, cerca de la comunidad de La Mojonera, donde un convoy de la Guardia Civil fue atacado por sujetos armados que presuntamente pertenecen a un grupo criminal con presencia en la región.

De acuerdo con los primeros reportes, los agentes circulaban por la vialidad cuando fueron sorprendidos por hombres fuertemente armados que utilizaron fusiles de alto poder para abrir fuego en su contra. El saldo preliminar es devastador: cinco policías fallecidos y diez más lesionados por impactos de arma de fuego.

Tras la agresión, la Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General del Estado desplegaron un operativo por tierra y aire para intentar localizar a los responsables. Sin embargo, hasta el cierre de esta información, no se reportaba una sola persona detenida.

La emboscada vuelve a poner en entredicho la efectividad de la estrategia de seguridad anunciada por las autoridades estatales y federales, pues el ataque ocurrió en una zona donde se presume existe presencia permanente de fuerzas de seguridad y vigilancia institucional.

Pero además del golpe operativo, el atentado volvió a exhibir una problemática que desde hace años denuncian los propios elementos de la Guardia Civil: la falta de equipamiento y respaldo por parte de sus mandos.

A través de grupos internos de comunicación, policías estatales denunciaron nuevamente que gran parte del personal carece de las condiciones mínimas para enfrentar a grupos criminales armados con fusiles de asalto.

Señalan que el armamento recientemente adquirido no ha sido distribuido de manera equitativa y que incluso existen elementos desplegados en operativos sin armas largas.

Las denuncias también apuntan a una situación aún más grave: la falta de chalecos antibalas. Según los propios agentes, desde hace varios años no se realiza una dotación general de equipo de protección, por lo que la mayoría del personal opera sin blindaje corporal.

Los pocos elementos que cuentan con chalecos tácticos y equipamiento especializado pertenecen, aseguran, a grupos asignados a la protección de altos funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública, entre ellos el secretario, subsecretarios y mandos de primer nivel.

Mientras las autoridades sostienen un discurso de avances en materia de seguridad y reducción de la violencia, la emboscada ocurrida este miércoles deja al descubierto la vulnerabilidad en la que continúan trabajando cientos de policías estatales que diariamente enfrentan a organizaciones criminales en distintas regiones de Michoacán.

La muerte de cinco agentes y las heridas sufridas por otros diez representan no sólo una tragedia para sus familias y corporación, sino también un duro recordatorio de que la violencia sigue teniendo capacidad de desafiar al Estado en amplias zonas del territorio michoacano.