Por Padre Pistolas

– Cristo escogió la mejor fecha para hacer su entrada triunfal en Jerusalén, la pascua; en donde se calcula según el historiador Josefo que se sacrificaban 1000,000 corderos uno para cada 10 personas, por lo tanto, había un millón de visitas de judíos más los extranjeros, mayores de 12 años según la ley de Moisés.

– Los generales entraban en caballos briosos con armas, los reyes con carruajes lujosos y el mesías en son de paz debería entrar en un burrito, nunca trabajado, con mantos a sus pies y palmas que asemejaban olas de mar en movimiento ondulatorio.

– ¿Quien fue el culpable de la muerte de Cristo? Todos nosotros.
– ¿Si yo ni siquiera vivía en ese tiempo porqué?
– Desde luego que los principales fueron las autoridades, los sumos sacerdotes, los reyes, los del sanedrín, los judíos, que gritaron a Barrabas, suéltalo, a Cristo crucifícalo, Judas que lo traicionó por 30 monedas, lo que valía un esclavo y lejos de colgarse del pescuezo de Cristo y pedirle perdón se colgó de un árbol, Pedro que lo negó, aunque tuvo la valentía de meterse a la boca del lobo, la casa del sumo sacerdote pero luego se arrepintió y por su amor a Cristo, fue ratificado como jefe de la iglesia, fíjense cabrones para que se arrepientan, dejen la borrachera, la querida, el odio, el robar, pónganse a trabajar dejen de vender y tomar drogas, de putiar, de mentir y vayan a misa antes que sea demasiado tarde.
– Culpables también los discípulos que lo abandonaron, Pilatos que se lavó las manos, los romanos que lo colgaron de la cruz y después dijeron que se quedaron dormidos y los apóstoles se habían robado el cuerpo de la tumba, mendigos mamones y todos los mirones como nosotros que vemos a quienes roban, matan, secuestran, queman descabezan y torturan a los prójimos y nos hacemos pendejos como que no miramos.
– Si no fuéramos pecadores, no había necesidad de que Cristo fuera crucificado y todavía decimos que no tenemos culpa de su muerte, ¡cómo no!
– También tenemos ejemplos a quien parecernos:
– El centurión, que a pesar de ser enemigo romano dijo “verdaderamente este era el hijo de Dios”
– El cireneo que ayudo a Cristo y ahora ayuda al desamparado.
– La virgen que aguantó vara sin renegar como la madre que aguanta vara cuando queman, descuartizan, entierran vivo a su hijo.
– La Verónica que limpió el rostro de Cristo y ahora lo hace con el indigente.
– Las mujeres piadosas y valientes que acompañan también ahora al sacerdote en el catecismo, las pláticas y kermeses de la parroquia, o los nuevos Nicodemo y José de Arimatea que atienden a los muertos.
– Un señor en agonía le dice a su mujer: ¿mi vida nunca me has engañado?
– Una vez con un cuerpecito.
– Sí, pero el cuerpecito de bomberos ¿verdad?
– Yo nomas con tu mama, tu hermana y tu mejor amiga, ¿lo sabias?
– Porqué crees que te di veneno desgraciado.
Que Dios los bendiga