Por Daniel Ambriz Mendoza

El proceso electoral, que inició el pasado 8 de septiembre del 2017 se encuentra en el lapso que se le ha dado el nombre de intercampaña, después de haber pasado el periodo del 14 de diciembre del 2017 al 11 de febrero del 2018 llamado pre-campaña, lo que quiere decir que las campañas políticas aún no inician, éstas arrancarán el 30 de marzo del año en curso con los candidatos a Presidente de la República, las cuales finalizará el 28 de junio para todos los candidatos, 3 días antes de la llamada jornada electoral.
El refrán popular que dice “del plato a la boca se cae la sopa”, aplica perfectamente en el momento actual en el que se encuentra el proceso electoral mexicano, hay quien ya se proclama ganador por estar encabezando las encuestas, lo que es normal porque tiene más de 12 años promoviendo su imagen, sembrando odio, resentimiento y división social; contra los tres años de promoción de la figura en medios de comunicación de quien ha estado ocupando de manera intermitente la segunda posición y los 3 o 4 meses de promoción en medios de quien va en tercer lugar. Puede decirse que las posiciones son naturales.
Quien es actualmente el puntero ha hecho esfuerzos sobrehumanos por mantener su posición, ha cambiado el discurso inicial, ha variado sus metas, ha aceptado en sus filas a quienes un día detestaba, en suma, ya no es el mismo individuo de hace 6 o 12 años, se ha ido domesticando en la medida que lo han venido cooptando todo tipo de personajes externos al partido del cual es dueño, se espera incluso, una rebelión interna, los más puros en contra de los que han llegado manchados con actos o acusaciones palpables de corrupción, el punto de quiebra puede ser la variación de objetivos iniciales para regresar al radicalismo original, ya hay visos de esta rebelión.
El puntero tiene un escaso margen para crecer, se puede decir que llegó al tope, por eso la preocupación de mantenerse en ese lugar haciendo uso de todo tipo de argucias y conductas inusuales para él, los demás candidatos tienen suficiente espacio para crecer y sin duda lo harán, por eso, no se deben echar las campanas al vuelo ni tampoco debe darse por perdidos a los demás, las estrategias y la maquinaria electoral de cada coalición de partidos apenas se echará a andar; las descalificaciones que hasta ahora hemos escuchado tendrán que cederle el paso a las propuestas viables, se tendrán que dejar atrás los qué para convencer con el cómo y el con qué, tendrán que explicar los candidatos por qué ahora sí debemos creerles, por qué ahora sí se cristalizarán sus propuestas y por qué antes no se pudieron llevar a cabo. Tendrá que haber confrontación de ideas y de propuestas en los debates y será ahí donde los cartones se comenzarán a mover y donde las distancias se comenzarán a cerrar, los 3 meses de campaña por la Presidencia de la República serán entre de resistencia y velocidad, ahí es donde entrarán los especialistas en comunicación política, los expertos en el manejo de redes sociales, en posicionamiento de imagen, pero, sobre todo, la capacidad de movilización de las estructuras partidistas.
Del plato a la boca muchas veces se cae la sopa, por eso el puntero comienza a hablar de fraude electoral y amenaza con soltar al tigre, demuestra su temor aflorando su verdadera identidad y quiere asegurar un triunfo anticipado amenazando, infundiendo temor, avivando el malestar social, en suma, comienza a mover las aguas para si no gana, arrebatar. El puntero sabe que no cuenta con estructura partidista en el país, que su partido es una franquicia familiar que el sistema político mexicano le ha regalado, no hay otro liderazgo en su partido que no sea el que él representa, el puntero conoce más que nadie las entrañas del poder porque ha sido una criatura del sistema y sabe que carecer de una estructura de soporte electoral es una gran desventaja.
La conducta de quien va a la cabeza en las encuestas electorales es comprensible porque teme que del plato a la boca se le caiga la sopa, conducta que no se justifica, conducta que lo pone al descubierto. El puntero en las encuestas electorales tendrá que demostrar en la vía de los hechos que en realidad es un demócrata aceptando los resultados electorales que se den en las urnas el primer domingo de julio porque los ciudadanos que iremos a votar contamos y lo menos que merecemos es el respeto de todos los candidatos.