Por Antonio TENORIO ADAME

¿El Suicidio Legislativo?

El interludio de la transmisión del poder presidencial ha generado una situación de competencia soterrada entre el presidente saliente y su sucesora; esa lucha tenue por el poder entre la continuidad y el cambio se da en dos campos: las iniciativas legislativas y la conformación del gabinete. Veamos las primeras.

Los Derechos de las Minorías.
El relevo del poder ha sido terso y sofisticado, para quien se va la tarea no se diluye sino en el instante mismo de su término. Para quien llega, mantiene con su antecesor la cercanía y se pliega ante la presencia pública en giras, donde se muestra el legado de la obra faraónica, a la vez que el escenario del cambio presidencial se ubica en el Congreso.
El final del sexenio obradorista promueve veinte iniciativas constitucionales, entre ellas la reforma judicial, donde hay un punto de contacto entre los poderes en pugna: la aceptación de cambio escalonado, pero “sin dilaciones”, añade el Ejecutivo.
En tanto el Poder en ciernes plantea cinco reformas, entre ellas: los apoyos económicos a estudiantes de educación básica y a mujeres de 60 a 64 años, la atención a los jóvenes, así como la derogación de la reelección de legisladores y presidentes municipales.
El dilema entre el mando en extinción y el mando en gestación acontece en el Congreso; mientras que el primero reconoce y se apoya en la Legislatura LXV, la cual fungió como Cámara de origen y promovió el dictamen que pasará a la Legislatura LXVI, la cual se integra parcialmente por congresistas reelectos.
La paradoja entre reconocer y confiar en los legisladores reelectos y ser cuestionados por la iniciativa del nuevo régimen se presenta en la promoción de la desaparición de la figura de reelección por ser incompatible con el sentido histórico de la Nación, y de paso por no alcanzar el rango de eficiencia, así como no lograron mostrar su objetivo de formar mejores y más preparados legisladores.
El tope de la reelección en buena parte de los parlamentos del mundo oscila alrededor del 20 por ciento de su pleno. En México, los diputados que buscaron la relección fueron 88 de 128 en las elecciones del pasado 2 de junio; quienes ahora enfrentarán su destino fatal de ejercer el suicidio de sus privilegios.

Un ambiente difuso rodea al Poder Legislativo, no termina aún la LXV legislatura ni aún se instala la LXVI Legislatura; algunos legisladores participan en el Parlamento abierto de la reforma al Poder Legislativo.

Desde luego, bien lo ha dicho una y otra vez, el diputado Juan Ramiro Robledo, presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, las opiniones expresadas en el Parlamento abierto no son vinculatorias al proceso legislativo de la iniciativa de reforma comentada, o sea es un “baño de borrajas”, su intención es mantener latente el interés del cambio en el ámbito judicial.
Por la trascendencia y compromiso del segundo piso de la 4T, la Suprema Corte verá modificado sus facultades y su estructura administrativa, en un tiempo determinado por la LXVI Legislatura, no por la administración de AMLO.

Mayoría Respeta la Equidad en el Debate.
El acto de poder más trascendente ha sido la solicitud de la secretaria de Gobernación, María Luisa Alcalde, al pedir que se someta a juicio político al luez Rodrigo de la Peza, quien había ordenado a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación nombraran a dos magistrados, cuyas vacantes no habían sido cubiertas por el Senado. En la mañanera, el Presidente dijo que ya no era necesaria esta medida. Quizás se advirtió que el juicio político requiere de mayoría calificada en el Congreso, y los tiempos de fin de sexenio no está para bollos.
Las iniciativas de la virtual Presidenta electa se mantienen en la expectativa de tiempo por alcanzar su aprobación y aplicación. Es propio de la congruencia de disponer seis años por delante, además son menos complejas, aunque por otra parte su peso y trascendencia es relativamente menor, acaso responde a la necesidad de también estar presente.
Las iniciativas de Claudia Sheinbaum va en el sentido de cubrir las promesas de campaña, o sea ahora se vive dentro de la post campaña; es natural en una democracia débil que aún mantiene los tiempos de imponer el candidato del Presidente y lograr después apaciguar la inconformidad que llegaba hasta la sublevación, en tal razón mediaban cinco meses de julio a noviembre con intención militar de calmar los ánimos y dar paso a la aceptación del nuevo Presidente, ahora se ha acortado un mes ese tiempo de pactar La Paz; la elección de junio lleva a la toma de protesta el principio de octubre.
El tsunami del triunfo de Morena, con 35 millones de votos, dejó sin aliento a los partidos y coalición opositora. A manera de analogía cosmogónica se diría que se generó un hoyo negro del que se desconoce su contenido, porque no se trata de un lugar vacío sino desconocido.
Los resultados del cómputo de la lista nominal no sólo otorgaron el triunfo a Morena, quien en coalición reclaman senadores que favorecen la mayoría calificada, siendo desacreditada por la oposición, en cuyo seno de los partidos se registra una crisis de orden crucial, mientras el PRD pierde su registro nacional, en los partidos, Revolucionario Institucional y Acción Nacional, sus dirigentes nacionales son cuestionados al grado de pedir su destitución.

El interés político conservador no aprende de la experiencia, la conseja popular y la práctica probada muestran en otras latitudes que el cambio de dirigentes políticos se da al conocer los resultados electorales, éstos son los que determinan su salida o continuidad; al día siguiente de conocer los resultados se dimite o se reelige.

Pero no, ahora en la práctica del continuismo se busca resucitar la “ola rosa” para convertirla en el Frente Cívico de corte social demócrata.
La estructura plural de los partidos se encuentra desecha, no faltan quienes argumentan ya una decadencia política y el riesgo de caer en el abismo de un partido hegemónico.
Ante estas amenazas, México requiere de una oposición, ésta se fragua no se inventa; la experiencia recomienda comprender el pasado histórico como un proceso marcado por los conflictos y abiertos a su solución en la constitución.
No hay proceso político en el pasado que no se apegue a la constitución como fuente primigenia de organización social. Es ahí donde deben abrevar los aspirantes a la renovación partidista y no en demostraciones de inconformidad eventuales, o supuestos modelos de modernidad política.
Se requiere que el cambio continúe con bases originarias, es decir nuestras experiencias históricas se remonten riesgos y se abran nuevas expectativas, como lo determina el compromiso de un Estado de bienestar de Morena. Hay que construirlo.