Por Leovigildo González
¿Alguien le cree a un delincuente?.
El vídeo de Nicolás Sierra Santana, líder del cártel de Los Viagras, en donde hace señalamientos sin sustento, es una respuesta desesperada a las acciones policiales y militares en las cuales ha estado a punto de caer.
En la historia reciente de Michoacán, Sierra Santana fue usado por el entonces comisionado federal, Alfredo Castillo Cervantes, para cazar a su antiguo patrón, Servando Gómez Martínez alias ‘La Tuta’, quién era el líder del Cártel de Los Caballeros Templarios,  el entonces enviado de la Federación, lo armó y lo puso al frente del grupo G-200, para después uniformarlo de policía.
Nicolás Sierra, conocido como El Gordo, ha utilizado una práctica muy común que usó La Tuta, mandar mensajes a las autoridades a través de redes sociales o medios de comunicación. Es ahí donde hago la pregunta ¿Le vamos a creer a un delincuente?, La respuesta debe ser obvia.
Casualmente, esto se realiza días después de que Silvano Aureoles, gobernador de Michoacán, culpó a Castillo Cervantes de la inseguridad del estado, al calificar como mala la estrategia que implementó que fue uniformar delincuentes.
Ningún tipo de credibilidad tiene Sierra Santana, cuando a través de asesinatos, bloqueos con autos incendiados, intenta sembrar miedo entre la población e imponer su Ley.
Es evidente, que el líder de Los Viagras se siente acorralado, asediado por las fuerzas de seguridad y busca evitar la acción de la justicia.
Una estrategia fallida.
Castillo Cervantes, en su afán de entregar resultados rápidos al presidente Enrique Peña Nieto, cometió graves errores, el más importante, armar y uniformar delincuentes.
Ahora, los michoacanos sufrimos de una estrategia evidentemente fallida, debido a que por más que las fuerzas estatales y militares buscan entregar resultados, el hecho es que los delincuentes siguen armados y causando terror, antes con la bandera de autodefensas, pero ahora ya como integrantes de un cártel.