Los lugares donde no se ha amado ni se ha sufrido, 

no dejan en nosotros ningún recuerdo. 

Pierre Loti 

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez 

Estimado lector, gracias. Todos los días miles de familias mexicanas salen de su casa en busca de una mejor vida, quieren un buen trabajo con prestaciones, más recursos económicos, una vivienda digna más allá de los departamentos miniaturas de unidades habitacionales Infonavit, quieren ir a las universidades y tener conocimiento, un vehículo de calidad, viajar por la provincia y conocer otras partes del mundo, comer en los restaurantes que se les pegue la gana, vestir ropa de la marca que les guste, contar con un servicio médico de mayor calidad que el ofrecido en el sector público, ¿hay algo de malo en eso? 

Las mayores historias de éxito de nuestro país, que no son privativas de México, corresponden a la clase aspiracional, hombres y mujeres que salen de la pobreza y van escalando hasta llegar a una posición mayor, claro que son historias clasista porque así son las sociedades y la nuestra no escapa a ello, lo han consignado autores como Samuel Ramos, Octavio Paz, Carlos Monsiváis y muchos otros, en esto se inscriben boxeadores que conquistaron al mundo y se volvieron héroes deportivos, cantautores que sin el sufrimiento de la calle, la cantina y luego la cumbre no serían lo mismo, poetas, escritores, políticos, científicos y una larga lista de personas aspiracionales. ¿Qué tiene de malo? 

A la mayoría de quienes logran una historia de éxito es a pesar de los obstáculos y no le deben nada a nadie, por el contrario, la cada vez menor clase media es la que se juega el capital en proyectos empresariales que generan la mayoría de los empleos del país, son los emprendedores quienes encuentran un calvario para acceder a los apoyos de las Secretarías, son los mismos a los que en la pandemia del Covid-19 se les abandonó por parte del Gobierno Federal por la fobia del inquilino de Palacio Nacional y una austeridad mal entendida. 

Fiel a su administración, Andrés Manuel López Obrador sigue dividiendo, peleando contra los que considera que no son sus incondicionales, bueno, ya lo dijo “o están con la transformación o contra ella”, por eso a pesar de declarar que está feliz por los resultados de la pasada elección, el Pejelagarto está muy enojado por los resultados en la Ciudad de México, considera que no se trabajó bien y que hay traidores dentro de las filas de los morenos y ante la división del territorio citadino se ha buscado un nuevo enemigo, la clase media, la clase aspiracional.    

Nada más para ser claros, según los datos del INEGI, existen en términos absolutos 12.3 millones de hogares y 44 millones de personas que constituyen la clase media en el país siendo que tres cuartas partes de ambas magnitudes se ubican en el ámbito urbano. Es a este sector que López Obrador les ha declarado que no son gratos para su movimiento y como siempre generalizando que hasta raspa a quienes lo han apoyado. 

En este sector se encuentran la mayoría de quienes hemos pisado una universidad, y es precisamente donde más apoyó encontró el macuspano en sus tres campañas, arrancaba aplausos, los mismo en la UNAM que en TEC de Monterrey, y ahora resulta que son los menos pensantes y los más manipulados por los malditos medios de comunicación. 

El presidente quiere un nuevo enemigo para pelear, le duele la superación, le duele el conocimiento y el pensamiento crítico que lo cuestione, no hay cheque en blanco para la 4T que por cierto entrega 12 millones de nuevos pobres, la creación de universidades que no se sabe dónde están y que se estudia, esos son los que le convienen a López… pero mejor ahí la dejamos. 

Entre Palabras  

¿De verdad festejo para Gatell? ¿Qué celebran? ¿Más de 500 mil muertos? 

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Hasta la próxima.