Morelia, Michoacán a 12 de septiembre de 2025.- Este domingo 14 de septiembre, en el Pabellón Don Vasco de Morelia, la presidenta Claudia Sheinbaum rendirá uno de sus llamados “informes regionales” ante los michoacanos. Lo que en el papel debería ser un acto de transparencia democrática, en la práctica parece más un ejercicio de alineamiento político.

Me consta —y lo escuché de primera mano— que en Michoacán se ordenó a todo el gabinete estatal asistir y llenar el recinto. No fue una invitación abierta, sino una instrucción directa desde el despacho del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla. Nadie puede faltar, nadie puede cuestionar. Se trata, más que de un informe, de una coreografía política en la que los funcionarios locales están condenados a ser comparsa.

La gira nacional de Sheinbaum, inédita en la historia reciente, ya pasó por otros estados con el mismo formato: auditorios repletos, discursos unilaterales y poco espacio para el debate. En Morelia, me dicen, el guión no será distinto. Se hablará de avances en seguridad —el gobierno presume que Michoacán salió del top diez en homicidios dolosos—, de proyectos de salud, de medio ambiente y de obras públicas. Pero las preguntas incómodas, ésas que la ciudadanía espera que se respondan, seguramente quedarán fuera del libreto.

No es la primera vez que Sheinbaum pisa tierras michoacanas desde que asumió la presidencia: Álvaro Obregón, Cuitzeo, Salvador Escalante, Zinapécuaro, Aquila… en cada visita el mismo despliegue de logística y propaganda. La quinta visita en menos de un año confirma que nuestro estado es pieza estratégica para el tablero político federal.

Lo que me preocupa —y lo digo con claridad— es el mensaje autoritario que queda detrás de esta orden. Un gabinete lleno a la fuerza no es un gabinete convencido. La asistencia obligatoria no significa respaldo, significa obediencia. Y esa diferencia es crucial.

La rendición de cuentas debería ser un espacio de diálogo, de exposición de logros y también de reconocimiento de errores. En cambio, este domingo veremos un escenario montado para la unanimidad, una fotografía con aplausos predecibles, una escenografía de poder.

Y me pregunto: ¿no sería más honesto que los funcionarios acudieran por convicción y no por mandato? ¿Qué confianza puede inspirar un informe donde la crítica está vetada y la asistencia es obligatoria?

Lo que ocurrirá en el Pabellón Don Vasco será presentado como transparencia, pero quienes conocemos de política sabemos que se trata de otra cosa: control, simulación y propaganda.